Buenas noches. Qué difícil es hacer reír sin fumar… (tabaco). No sé si os habréis dado cuenta, pero este es el primer año que no fumamos. Y no sé por qué se empeña todo el mundo en que no fume. Al fin y al cabo los fumadores tampoco damos tanto mal. Es más, los fumadores marcamos los tiempos en la historia. Por ejemplo: ¿por qué creéis que los españoles conquistamos América? Pues muy fácil, porque cuando los ministros aztecas le dijeron al emperador “Oye tú, deberíamos atacar…”, el emperador les dijo: “Vale, pero espera que me echo un cigarro”, y entonces llegamos los españoles, montamos un chiringuito en primera línea de playa y de ahí no nos saca ni Dios. Unos años después ya se dieron cuenta que la mejor forma de hacernos salir de ahí por patas era inventar el reggaetón.
Porque, digo yo: ¿Qué coño hacen los que no fuman cuando nosotros estamos fumando? ¿Eh? ¡Nada! ¡Nada de nada! ¿Qué aportan a la sociedad? Aportan lo mismo que Belén Esteban en un concurso de palabras que empiezan por hache. Yo creo que desaparecen cuando no los miras.
Es como los calcetines. Tú metes todos los calcetines por parejas en la lavadora. Si es preciso te tumbas en el suelo de tu habitación y rescatas las parejas perdidas de lo más profundo de debajo de la cama. Que el otro día entró mi madre en la habitación y me vio haciendo así en el suelo y me dijo: ¡No, si ya le decía yo a tu padre que tantas pajas te iban a dejar tonto! Pues cuando ya tienes todos los calcetines de dos en dos metidos dentro de la lavadora, le das al botón y ¿qué es lo que pasa? Que siempre falta alguno. Hay una vieja teoría metafísica, que dice que en el fondo de las lavadoras hay un agujero negro intergaláctico a donde van a parar todos calcetines huérfanos unos meses, hasta que reaparecen como por arte de magia donde menos te los esperas.
¿Y qué aporta también un calcetín huérfano a la sociedad? ¡Nada! Como los no fumadores. Como Belén Esteban. De hecho yo creo que, cuando no los miras, todos los calcetines huérfanos y los no fumadores se teletransportan al plató de Sálvame Deluxe.
En fin, a estas alturas ya no confío en que el mundo deje de estar pa’ allá. El otro día me fui a comprar ropa de verano. Vamos a ver. El 38,5% por ciento de los españoles tiene sobrepeso. ¡El 38%! Que luego te dice Margarita, la vecina del quinto: “yo no me explico cómo puedo engordar. ¡Si no como nada!”. ¿Que no comes nada? ¡Si tienes más hambre que el tagmagochi una sorda! ¡Que tragas más que Nuria Bermúdez en el vestuario del Real Madrid!
Y digo yo, si casi el 40% de los españoles estamos gordos, ¿alguien me puede explicar porqué cuando te vas a comprar una camiseta tiene tanta licra que si te la pones pareces una morcilla de Burgos? Que lo entiendo, que es una cosa bastante desagradable a la vista. Oye y al final te empujan a la exclusión social, porque no te queda más remedio que ir al mercadillo y comprarte un polo marca “Lacosta”, que en vez de un cocodrilo bordao tiene una lagartija pegada con celo y que es más feo que mandar a tu madre a comprar marihuana.
Y es que la ropa para gordos es fea, hay que reconocerlo. Lo que me preocupa de todo esto es que las cosas no se hacen porque sí. Tiene que haber algo que lo explique. Yo mantengo la teoría de que el estado no quiere que los gordos salgamos a la calle. Y no quiere que los fumadores entremos en los sitios cerrados, porque articulamos sociedad y hacemos historia. Lo que no entiendo es dónde coño quiere que vayamos los gordos que fumamos. Si no podemos salir a la calle porque tenemos que ir desnudos o disfrazados de preservativo de Nacho Vidal, y no podemos entrar en los sitios porque no se puede fumar… ¡Ya está! Lo que quieren es que nos quedemos en las escaleras subiendo y bajando todo el día para que no digan que hay mucha gente parada. Que conste que yo no tenía una explicación lógica hasta el viernes pasado, que llegué a casa borracho como un perro y tuve que saludar siete veces a mi vecina la del quinto en lo que tardé en abrir la puerta.
De todas formas esto no es nada nuevo. Siempre que entro en casa la saludo, porque la jodida de ella siempre está en la ventana… Para mí que mi vecina es el eslabón perdido. Dicen que todos los pájaros vienen de los dinosaurios. Pues mi vecina Margarita es el dinosaurio del que descienden las cotorras. Hablando de dinosaurios, Manuel Fraga, que es el dinosaurio de España… Cómo mola, ¿eh? ¡El dinosaurio de España! ¡Viva la madre que te parió! Gracias a Dios que los humanos somos vivíparos, porque si no, en vez de decir “viva la madre que te parió”, tendríamos que decir “viva la madre que puso el huevo del cual saliste”, y quedaría un poco forzado. Pues Fraga, el Gozzilla de España, amenaza con ir a visitar Japón. Y digo “amenaza”, porque visto lo visto en Palomares, como se bañe en Fukushima se nos hará inmortal. ¿Os imagináis de vecino a Fraga, alias pelvis debocada, [poom, poom] bailando la danza del vientre eternamente en el piso de encima? ¡Eso sería un vecino borde!
Y para terminar quiero hacer un alegato en defensa de los que hacemos monólogos. Quiero dejaros claro que no somos unos frikis y que somos gente normal del todo. [Vaso de agua]. Y ahora me voy a fumar. La Ley antitabaco tiene algo de bueno: por lo menos cuando hago este monólogo no desperdicio un cigarro.
Compartirlo
</a>
</a>



