Todo apunta a ello. Mi chaqueta de pana, que se ha convertido en un verdadero fetiche, no sé si conforme o contra mi voluntad, para aquellos que aseguran que es de socialista de los 70, resultó ser una chaqueta de escritor frustrado, o al menos así sería si llevase coderas. Por si fuese poco, acostumbro a enviar algún comentario a las secciones de cartas al director, como si aspirase a que me ficharan como galáctico del columnismo local. Pero lo único frustrado aquí es la imaginación de aquellos que comentan los pros y contras de mi indumentaria. No soy un escritor frustrado: simplemente me gusta llevarla (arreglado, pero informal, dirían algunos). No pretendo pasar por columnista en potencia: mis cartas son mera crítica, una necesaria y fácil manera pedir la ayuda de los demás contratistas sociales para alguna causa común.
En fin, que me guste mi chaqueta y, para colmo, que la lleve, no conlleva un determinado perfil psicológico o sociológico como algunos pretenden (o al menos no para una persona que no pierde, y no digo utiliza sino pierde, más de 15 minutos en comprar ropa; en comprar algo que no le supone más que eso, material con que evitar la pérdida de calor y tapar sus vergüenzas, que no son pocas). Ahora bien, aciertan, ya que sí me gusta escribir. Redundando en el tema, si fuese un aprendiz de columnista, enviaría un texto diario a toda la prensa a que pudiese acceder, donde exhibiría todos esos recursos literarios que jamás logré memorizar, hasta el día en que descubriese que soy un pesado redomado y que no me publican nada por sistema, sin leerlo siquiera. Si fuese un aprendiz de escritor, no sé, dejaría de trabajar (escribir cuesta mucho tiempo). Como no soy nada de eso, escribo en mi blog. Escribo por eso, y por una detonación que se interpuso en mi errático e intermitente camino. Esa detonación se llama Luis, a quien debo encomendar (o dedicar si no sonase pedante) lo primero consistente que redacto. Es una forma usual de comunicarme con los demás, pero es una forma inusual de comunicarme con él concretamente, una forma “rara”, y es por rara por lo que me gusta.
En fin, siguiendo sus consejos, intentaré desarrollar, con toda la esmerada constancia que sea capaz de reunir, todo aquello que se me pase por la cabeza.
Bienvenidos seáis, por tanto.